Origen

Para comprender el origen y la evolución de las Escuelas de Arte debemos retroceder a los primeros años del pasado siglo XIX, cuando a raíz de la revolución industrial derivada del descubrimiento de la máquina de vapor y el ferrocarril, se modifican profundamente los procesos de producción y comercialización de objetos uso, de tal forma que Europa pasa de la producción artesanal propia de las economías rurales, a una producción industrial desarrollada básicamente por la burguesía urbana.

El crecimiento industrial y capitalista atrae a las grandes urbes a la que hasta entonces fue población campesina, incrementándose la oferta y demanda de productos industriales. Pero los objetos fabricados a máquina se caracterizaban, en general, por su caos estilístico al pretender imitar indiscriminadamente los más maduros y ricos estilos del pasado.

Aunque España quedó al margen del proceso de crecimiento industrial de los países del norte, las corrientes culturales europeas influyeron de tal suerte que en 1824 nacía en Madrid el Real Conservatorio de Artes, que tenía como misiones primordiales la promoción de las artes y las industrias y el establecimiento de un depósito de máquinas e instrumentos dedicados a la realización de las mismas. Su primera localización estuvo en la calle del Turco, pasando después a instalarse en el entonces Ministerio de Fomento, en la calle de Atocha. Aunque su primer fin no fue la enseñanza, en 1832 se implantó en él un primer plan de estudios; se dividió esta enseñanza en tres grados, particular, general y especial. Se daba en aquel plan amplísima libertad a los alumnos para matricularse donde quisieran, cursar lo que les conviniere y examinarse o no, según su voluntad.

Este plan continuó vigente hasta que en 1871 se creó la Escuela de Artes y Oficios, que quedaba adscrita al Conservatorio, a quien correspondería organizar los estudios que iba a impartir. Su objetivo era la educación del artesano y el obrero: "las Escuelas de artesanos responden a una necesidad social, y son fuente de indudable prosperidad y riqueza de un país".

Su profesorado se constituyó en parte con el procedente del propio Conservatorio y en parte con los que atendían a los estudios elementales de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, que se trasladaron al Conservatorio para integrarse en el nuevo Centro. "La Escuela especial de Pintura enseña dibujo en dos puntos de Madrid con 18 Profesores; pero esta Escuela, dedicada antes que nada a la Pintura, Escultura y Grabado en sus manifestaciones puramente artísticas y estéticas, esteriliza sus esfuerzos de una manera lamentable, porque sus estudios elementales son frecuentados sólo por artesanos, cuya carrera y porvenir no están en el buril ni en el pincel. Estos estudios pueden y deben utilizarse, y establecerse con ellos la Escuela de artes y oficios..."

En una tercera etapa, que se inicia en 1886, la Escuela se separa definitivamente del Conservatorio de Artes y adopta el nombre de Escuela Central de Artes y Oficios. Es interesante el preámbulo del Real Decreto donde se indica: "La Exposición universal de 1851 hizo conocer a la Gran Bretaña que para competir con las industrias extrajeras tenía necesidad imperiosa de difundir en sus clases populares la educación artística de que carecía, y para conseguir pronto la realización de propósito tan grande como útil, creó su admirable Establecimiento de Kensigton, cuyas enseñanzas han adquirido el extraordinario y casi fabuloso desarrollo que acreditan sus estadísticas...". "Tales resultados han servido de estímulo vivo a las demás Naciones, con especialidad a aquellas que ante tan rápidos progresos vieron amenazadas seriamente las ricas producciones artístico-industriales que en las pasadas Exposiciones universales consideraron sin competencia posible en gusto y perfección...",

El mismo Decreto que así lo dispone, determina que contará con diez Secciones en Madrid ( en la etapa anterior habían llegado a ser cinco), y crea, según el modelo de la institución madrileña, las que se denominan Escuelas de Distrito, que son las primeras fundaciones de carácter estatal que se realizan en provincias. Durante este período se impartieron dos planes de estudios: el de 1886 y el de 1895, éste último dotado de un carácter profesional en alguna de sus ramas, permitiendo la expedición de Títulos, como el de Perito Mecánico-Electricista, Perito artístico industrial o el de Aparejador. Se pretende con este nuevo plan que "las obras de nuestra industria serán originales y la cultura ajena servirá, no tanto para las imitaciones como para despertar la inspiración de los artistas que se dediquen a la industria".

En Real Decreto de 1900, se crearon las Escuelas de Artes e Industrias, reorganizando y fundiendo las Escuelas de Artes y Oficios y las provinciales de Bellas Artes, orientando a estas últimas "hacia una de las direcciones más positivamente provechosas para el país, cual es el fomento del arte decorativo en sus diverso órdenes, único medio de procurar un renacimiento vigoroso de nuestras tradicionales y riquísimas industrias artísticas". La misión de estas Escuelas es "enseñar y propagar aquellas industrias, sobre todo las artísticas, que son desconocidas o están poco adelantadas en España y principalmente las que puedan implantar los artesanos por sí mismos".

Se establecieron las enseñanzas en grado elemental y superior, estas últimas solo en Madrid para las secciones artística e industrial y en Barcelona para la sección artística, denominándose Escuelas Superiores de Artes e Industrias. Se mantenía la diferenciación entre las Secciones Técnica y Artística, que ya existía en el plan de 1895, pero se eliminó el carácter reglado de las enseñanzas, como resultado de un pensamiento que rechaza cualquier aspecto académico en la instrucción, como se hace constar en el correspondiente Decreto ordenador, de 1900. Antes de su reconversión en 1910, el plan de estudios vigente experimentó una nueva transformación en 1907.

La reforma llevada a cabo en 1910 bifurca las dos ramas a las que habían atendido las Escuelas de Artes e Industrias, convirtiéndolas en dos tipos de Centros: las Escuelas Industriales y las Escuelas de Artes y Oficios, impartiendo estas unas enseñanzas que, aunque se organizan como generales y de ampliación, correspondientes al Peritaje artístico industrial, terminaron siendo asignaturas de libre elección por parte del alumno.

En 1963, otra reforma vino a organizar otro modelo educativo, en el que se establecen "unos cursos regulares al final de los cuales pueda obtener el que los haya realizado un título que le sirva de estímulo y prueba de la formación alcanzada", y en el que por primera vez se abandonaba el concepto de enseñanza destinada a obreros y artesanos. También se contempla la organización de cursos de formación artística acelerada, así como la posibilidad de matricula en asignaturas o talleres de libre elección. De este momento procede también la denominación de Escuelas de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos.

Las tendencias experimentales, renovadoras e innovadoras se manifiestan en los años 1984 y 85 cuando se modifican nuevamente los planes de estudio de los Centros de Enseñanzas Artísticas.

La última reforma se produce con la L.O.G.S.E. que, en su artículo 46 señala: "Las enseñanzas de las artes plásticas y de diseño comprenderán estudios relacionados con las artes aplicadas, los oficios artísticos, el diseño en sus diversas modalidades y la conservación y restauración de bienes culturales". Los centros en los que se imparten Ciclos Formativos pasan a denominarse Escuelas de Arte.

La trascendencia de las ahora denominadas Escuelas de Arte ha sido fundamental en la vida artística española. Entre sus profesores hay figuras tan importantes como Francisco Asorey, Ricardo Bellver, José Capuz, Angel Ferrant, Pablo Gargallo, Mateo Inurria, Cristino Mallo, Luis Marco Pérez, E. Pérez Comendador, Julio López o Francisco López, por citar algunos. De sus aulas salieron artistas de la talla de Juan Gris, Pablo Gargallo, Mateo Hernández, Moises de Huerta, Manolo Hugué, José Llimona, Joan Miró, Angel Ferrant, Pablo Picasso, Juan Rebull, Quintín de la Torre, Isabel Quintanilla, o Antonio López, entre otros.